La bodega ecológica Bodegas Robles vuelve a situar el vino en el centro de la creación cultural con una propuesta que trasciende la cata y se adentra en el terreno de la experiencia. El diseñador José Perea protagoniza una performance de moda en directo en el interior de la bodega de botas, un espacio donde el tiempo, el silencio y la materia definen el carácter del vino.
La intervención creativa parte de una inspiración estrechamente vinculada al Robles Brut Nature, espumoso ecológico elaborado con Pedro Ximénez. Dos piezas se confeccionan ante el público como traducción textil de su esencia: un vestido de color plata, evocador del destello y la tensión luminosa de la burbuja, y un abrigo en tono espuma que interpreta la corona efímera del espumoso, símbolo de celebración, ligereza y movimiento.
Ambas creaciones se construyen en tiempo real, convirtiendo la costura en un gesto vivo que dialoga con la crianza del vino. Aguja, hilo y tejido reproducen valores compartidos con la viticultura ecológica: precisión, paciencia, respeto al proceso y fidelidad al origen. “La burbuja no es solo forma, es tiempo y energía contenida. El plata y la espuma me permiten coser esa sensación en directo, aquí, donde el vino cobra sentido”, explica José Perea.
Desde Bodegas Robles subrayan que esta acción refleja su manera de entender la cultura del vino, abriendo la bodega a otros lenguajes creativos y generando experiencias auténticas ligadas al territorio. “El Robles Brut Nature es precisión, origen y celebración. Ver su esencia traducida en moda, y además en tiempo real, refuerza nuestra visión del vino como expresión cultural”, señalan desde la bodega.
La performance se integra en la programación cultural de la casa, donde el vino se concibe como un espacio de encuentro entre naturaleza, técnica y creación contemporánea, ampliando el relato del enoturismo hacia propuestas que invitan a vivir la bodega desde nuevas miradas.
Con iniciativas como esta, el marco de Montilla-Moriles se proyecta como un territorio donde el vino no solo se degusta, sino que también se interpreta, se observa y se comparte, reforzando su dimensión cultural y experiencial dentro del turismo del vino.


