FINE celebrará su séptima edición los días 3 y 4 de marzo en Valladolid con un objetivo claro: seguir impulsando el enoturismo como segmento profesional y de negocio. Hablamos con su director sobre la evolución del turismo del vino en España, el crecimiento del comprador internacional y los retos que afrontan bodegas y territorios para consolidar este modelo.
“FINE es una plataforma de negocio para el enoturismo, el protagonismo absoluto recae en el turismo del vino.” Alberto Alonso.
FINE celebra en 2026 su séptima edición. ¿En qué punto se encuentra hoy el enoturismo dentro del sector del vino?
En España tiene un presente muy interesante y un gran futuro. Hay una apuesta clara por parte de las instituciones públicas para impulsar este turismo y posicionar al país como un destino de referencia en los diferentes mercados internacionales y cada vez son más las bodegas y territorios que desarrollan productos enoturísticos atractivos y de gran calidad, capaces de dar respuesta a las demandas de distintos públicos.
¿Qué papel juega FINE como feria especializada frente a otros encuentros vinculados al vino y al turismo?
FINE es una plataforma de negocio para el enoturismo; el protagonismo absoluto recae en el turismo del vino. En Feria de Valladolid fuimos pioneros en la identificación del segmento y el desarrollo del modelo; apostamos por un concepto global, especializado y podemos decir que somos la referencia para el sector. Y el pasado año conseguimos un hito en la historia de Feria de Valladolid: la celebración de FINE Italy en colaboración con Riva del Garda Fierecongressi.
FINE ofrece a las agencias de viajes y touroperadores la posibilidad de ampliar su portfolio, de incorporar productos cada vez más demandados por el público, por los diferentes públicos. Porque hay muchos tipos de turistas del vino y un abanico igualmente heterogéneo de propuestas.
En esta edición participan bodegas, rutas del vino, hoteles y touroperadores de distintos continentes. ¿Qué tipo de demanda internacional están detectando?
El grueso de la oferta la conforman España y Portugal, pero contamos también con participación italiana y eslovena, y touroperadores de una veintena de países, europeos y americanos en su mayoría. Los intereses de estos compradores coinciden en la búsqueda de propuestas de gran calidad, únicas y experienciales, si bien se dirigen a públicos dispares: turismo MICE, vacacional, de lujo… El porcentaje de enoturistas internacionales sigue creciendo y se estima que representa ya el 30% del total.
¿Hasta qué punto el enoturismo se ha convertido en una herramienta real de diversificación económica para bodegas y territorios vitivinícolas?
Aumenta el número de bodegas que ofertan enoturismo, pero aún es minoritario si tenemos en cuenta que en España hay del orden de 4.000 bodegas y, hace no tantos años, era impensable “abrir las bodegas al público”. En FINE hemos asistido a charlas muy interesantes sobre si el enoturismo es solo un canal para la venta de vino o una línea de negocio específica y estratégica. Hay diferentes modelos en el mundo y siempre es interesante escuchar casos de éxito e iniciativas que se desarrollan en varios territorios.
FINE se define como una plataforma de negocio profesional. ¿Qué valor aporta el modelo de reuniones agendadas al desarrollo del sector?
FINE articula sus contenidos en torno a un mercado de contratación en el que se generan más de 2.000 entrevistas en dos jornadas. Es un modelo realmente eficaz para los participantes porque maximizan su tiempo. Además, FINE ofrece otros escenarios de trabajo igualmente interesantes, como el programa de conferencias y mesas redondas y, por supuesto, los encuentros en la zona de networking.
Este año se incorpora el oleoturismo a la oferta. ¿Qué aporta esta integración al modelo de turismo del vino?
El oleoturismo es un magnífico aliado del enoturismo y España tiene un gran potencial como destino internacional. Hay elementos comunes como la historia, la cultura, el patrimonio o la naturaleza. El vínculo que ya existe entre gastronomía y turismo del vino puede ampliarse al oleoturismo como un elemento enriquecedor para almazaras, bodegas y territorios.
Tras seis ediciones en Valladolid y una experiencia internacional en Italia, ¿qué balance hace del modelo FINE y de su evolución?
Como comentábamos antes, la celebración de FINE Italy ha sido un hito en los 60 años de historia de Feria de Valladolid y el balance no puede ser más satisfactorio. Riva del Garda Fierecongressi es un excelente socio y la primera edición resultó un éxito. Llevar FINE a Italia nos acerca a los mercados del centro de Europa, sin olvidar que en Italia 9 de cada 10 bodegas están abiertas al turismo.

Desde su experiencia, ¿están las bodegas preparadas para asumir el enoturismo como una línea estratégica estable y no solo complementaria?
Hay muchos enoturismos, en plural, y muchos modelos de bodegas que desarrollan propuestas para públicos heterogéneos, desde catas hasta experiencias singulares que aúnan propuestas gastronómicas, culturales o deportivas. Diría que el mercado es casi infinito, pero hay cuestiones que siempre se mencionan como retos presentes, por ejemplo, la formación especializada en enoturismo o cómo llegar a sectores de población que no necesariamente son consumidores de vino.
¿Qué perfiles de enoturista están marcando hoy la demanda: turismo vacacional, experiencias premium, viajes de incentivos o turismo corporativo?
Reitero lo que decíamos antes: las demandas en el turismo del vino son poliédricas, con ejemplos como los que menciona, y el ecosistema de bodegas, rutas, hoteles, museos, etc. están perfectamente capacitados para ofrecer las mejores experiencias en cada uno de esos capítulos. Nuestro turismo del vino es muy dinámico, imaginativo y, sobre todo, de calidad.
Mirando al futuro, ¿qué retos y oportunidades identifica para el enoturismo en los próximos años y qué papel quiere que juegue FINE en ese escenario?
El papel de FINE no es otro que contribuir al desarrollo del enoturismo; ese fue el punto de partida de este ambicioso proyecto y lo mantenemos. Un concepto de evento país en el que tienen cabida todos los agentes del sector: instituciones públicas, empresas privadas y organizaciones profesionales. De hecho, la colaboración público-privada define el modelo del turismo del vino y numerosos casos de éxito subrayan que la cooperación es la clave.
Entre la profesionalización del mercado internacional, la diversificación de públicos —del MICE al lujo— y la suma de aliados como el oleoturismo, FINE vuelve a situar el turismo del vino en un terreno decisivo: el de la economía real del territorio, donde bodegas, rutas y destinos compiten por experiencia, calidad y visión a largo plazo.
B. Bilbao
Redactora - Editora
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