Editorial
Esta semana, dos denominaciones de origen del aceite de oliva virgen extra han entregado sus premios anuales con horas de diferencia: la DOP Priego de Córdoba celebró sus XXIX Premios el 23 de abril y la DOP Poniente de Granada los suyos el 24. No es una coincidencia llamativa. Es la normalidad de un sector que produce con rigor, premia con continuidad y lleva décadas construyendo algo que aún no termina de explotar: su proyección turística.
Los números respaldan la magnitud de lo que hay detrás. Andalucía cuenta con 13 denominaciones de calidad en el sector oleícola reconocidas internacionalmente. Solo en la provincia de Córdoba operan cuatro DOPs de aceite de oliva virgen extra —Aceite de Lucena, Baena, Montoro-Adamuz y Priego de Córdoba—, lo que convierte a esta provincia en líder nacional en este segmento. La DOP Priego de Córdoba, inscrita en el registro europeo desde 1999, protege más de 29.600 hectáreas repartidas entre cuatro municipios.
Casa Rural en la Subbética de Córdoba
En la otra orilla de la provincia de Granada, la DOP Poniente de Granada abarca 16 municipios con más de 71.000 hectáreas de olivar —el 54% de la superficie total de la comarca— y alrededor de 7.500 agricultores. En la última campaña, la superficie inscrita alcanzó las 46.500 hectáreas, con una producción estimada de 15.000 toneladas de aceite de oliva virgen extra, elaborado con variedades autóctonas como Hojiblanca, Picual, Picudo, Lucio, Nevadillo de Alhama y Loaime.
Son cifras que hablan de escala, de arraigo y de especificidad geográfica. Pero lo más relevante de la semana no son las medallas. Es la dirección que toma el discurso del propio sector.
"Defender el olivar de montaña es defender empleo, paisaje, sostenibilidad, población y futuro. Es defender pueblos vivos." — Francisco Marino Cano Pérez, presidente del Consejo Regulador de la DOP Poniente de Granada
La frase podría aplicarse a cualquier denominación de origen de este país, vinícola u oleícola. Pero adquiere un significado específico cuando quien la pronuncia anuncia simultáneamente la intención de instalar un centro de recepción de visitantes en Loja para captar el flujo turístico que cruza la comarca camino de la Alhambra, Sierra Nevada o la Costa Tropical. La Ruta del Aceite del Poniente de Granada, en marcha desde 2020, ya apuntaba en esa dirección. El centro de visitantes sería el siguiente paso.
Aquí es donde el sector oleícola andaluz se encuentra en un punto que el enoturismo recorrió antes. Las rutas del vino llevan décadas convirtiendo bodegas en destinos, añadiendo valor experiencial a un producto que de otro modo llega al consumidor a través de intermediarios y lineales de supermercado. El aceite de oliva tiene los mismos ingredientes: territorio singular, proceso artesanal verificable, variedad autóctona diferenciada, paisaje. Lo que aún le falta, en muchos casos, es la infraestructura de acogida y la narrativa que conecte al visitante con el origen.
El oleoturismo no compite con el enoturismo. Comparte con él la misma lógica: el producto de calidad es la puerta de entrada, el territorio es la experiencia. Andalucía tiene ambos en abundancia. La pregunta es cuánto tarda el mercado en saberlo.
► vtm.news · 24 de abril de 2026

