Córdoba ha vuelto a situarse como punto de encuentro del sector del vinagre con la celebración del VIII Concurso Internacional de Vinagres Vinavin, una cita que ha reunido en la ciudad casi un centenar de muestras procedentes de distintas zonas de España y de varios países.
La sesión se ha desarrollado en la Casa de Manolete Bistró, donde el jurado ha analizado las muestras presentadas en una edición que confirma la continuidad y la dimensión alcanzada por este certamen. Más allá del palmarés que se conocerá próximamente, la jornada ha servido para volver a poner el foco en un producto que gana espacio en la gastronomía y en la promoción de la calidad agroalimentaria.
Durante la presentación, el vicepresidente primero de la Diputación de Córdoba, Andrés Lorite, subrayó el valor de este tipo de iniciativas para poner el foco en productos vinculados a su origen agroalimentario y recordó la importancia que tiene el vinagre dentro de la gastronomía y de la dieta mediterránea. También incidió en que la provincia cuenta con la Denominación de Origen Protegida Vinagre de Montilla-Moriles y defendió la utilidad de congresos, ferias y concursos para reforzar su conocimiento y su promoción.
Desde la organización, la presidenta de Vinavin, Rocío Márquez, destacó que el concurso alcanza ya su octava edición y lo interpretó como una señal de madurez de un sector que busca más espacios de visibilidad. En su intervención recordó que el proyecto nació con la mirada puesta en las denominaciones de origen del vinagre de calidad en España, pero señaló que con el paso del tiempo la convocatoria ha ampliado su alcance y ha despertado interés fuera de nuestras fronteras.
Ese crecimiento se refleja en la procedencia de las muestras recibidas. Junto a zonas españolas con tradición y reconocimiento, como Montilla-Moriles, Jerez y Condado de Huelva, el certamen también ha sumado vinagres de otros puntos del país y del ámbito internacional. Esa combinación refuerza la idea de Córdoba como sede de una cita que no se limita al plano local, sino que conecta producción, especialización y proyección exterior.
La dimensión del encuentro también se apoya en el perfil del panel de cata, formado por profesionales de la enología, la gastronomía, el análisis sensorial y el periodismo especializado. La presencia de cocineros, sumilleres, divulgadores y expertos técnicos aporta al concurso una lectura amplia del producto y ayuda a consolidar una evaluación más exigente y especializada.
En esa misma línea, Márquez defendió que el siguiente paso pasa por seguir trabajando en la formación y la divulgación, dos cuestiones que considera claves para que el vinagre de calidad sea mejor conocido y más valorado. Ese planteamiento conecta con una realidad cada vez más visible: el vinagre ha dejado de ocupar un papel secundario para ganar presencia propia en la cocina y en el discurso gastronómico.
Para Córdoba, la celebración de este concurso no solo tiene lectura gastronómica. También consolida su presencia en una conversación más amplia en torno al producto, su procedencia y el valor añadido que aporta. El concurso actúa así como escaparate para el sector, pero también como una herramienta que vincula cultura alimentaria, actividad económica y proyección de la provincia.
Con esta nueva edición, Vinavin vuelve a situar a Córdoba en el centro de una red de productores, catadores y prescriptores que encuentran en la ciudad un espacio de encuentro en torno al vinagre de calidad. Ese es, en el fondo, el principal alcance de la jornada: convertir un concurso especializado en una señal de posicionamiento para un producto con más recorrido del que a menudo se le reconoce.
B. Bilbao
Redactora - Editora
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