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Un Montilla - Moriles sin viñas  ¿Te lo imaginas? I

Un Montilla - Moriles sin viñas ¿Te lo imaginas? I

Artículo de Opinión

CONSECUENCIAS DE LA REDUCCIÓN CONTINUADA DE VIÑEDO EN  MONTILLA-MORILES

PARTE I
DESTRUYENDO NUESTRA HISTORIA Y NUESTRO PATRIMONIO

 

No hará falta insistir en que en nuestra zona se ha cultivado la viña desde tiempo inmemorial.

Está datado que los vinos de aquella época salían en barcazas desde Córdoba hacia Roma Guadalquivir abajo y que en la época árabe se continuó cultivando, tanto que fueron los primeros en ponerle impuestos al negocio de los vinos y hasta se dice que al propio Abderramán III el pueblo le exhortaba, más mezquita y menos vino.

Hace escasos días el prestigioso medio Montilla Digital ofreció datos escalofriantes del enorme retroceso de la superficie de viñedo en Montilla-Moriles desde el año 78, punto álgido, llegando a una pérdida a día de hoy del 80 por ciento de las viñas según los datos oficiales del Consejo Regulador, la realidad puede que sea peor.

Este artículo desgrana muy bien de donde venimos y donde estamos; teníamos unas 20.000 hectáreas y nos quedan apenas 4.000 y bajando. Teníamos unos 3.500 viticultores y nos quedan menos de 1.400. Muchos de ellos esperando el momento de seguir arrancando sus viñas por falta de la rentabilidad adecuada.

Desde mi punto de vista, esto es sencillamente catastrófico.

Este enorme descenso tiene múltiples causas, desde las condiciones locales hasta la necesidad impuesta en su día por las políticas de la Comunidad Europea dados los excedentes comunitarios de vino por el bajo consumo, recordemos la “quema o destilación obligatoria de vinos” de aquellos años y las ayudas actuales al “arranque” en toda la Unión, sobre todo en los países de mayor superficie vitícola y con menor rentabilidad como es España. Es decir, también se han sacado viñas en Burdeos o en Borgoña o en La Toscana y en La Mancha y en Jerez y en la Conchinchina… pero no tan salvajemente como aquí.

¿Y porqué nosotros más que nadie?

También por varios motivos que ahora veremos.

Incluso la Universidad de Córdoba nos alerta en ese artículo de esta situación, como demuestra que mientras otras zonas vitícolas bajaron un 5 por ciento su superficie, nosotros bajamos un 20 por ciento en menos de diez años, entre 2010 y 2019 y aún no ha parado.

Se apuntan como posibles motivos, la menor demanda de nuestros vinos, el cambio en los gustos de la clientela, ¿se han pasado de moda? ¿los hemos sabido promover adecuadamente? ¿se han vuelto malos? ¿ya no se sabe elaborar en la zona? ¿hacemos lo que el mercado demanda?...

También cuenta la excesiva fragmentación del viñedo, el famoso minifundio de la viña en Montilla-Moriles. Es verdad que la viña estaba muy repartida, antes muchos, eramos viticultores... ¿quién de por aquí no ha ido a cortar uvas o a cargar prensas o a coger sarmientos o a podar? ¿quién de por aquí no ha vivido la bulla de la vendimia? ¿quién de por aquí no ha olido por las calles de su pueblo el olor del mosto fermentando?...

Antes, las viñas y el vino regían el ritmo y la vida de nuestra zona. Ahora ya casi nada, cada vez menos.

Pero no es cuestión de añoranza. Es otra cosa, continuemos.

Hay que admitir que el olivo siempre ha estado presente en la economía agraria de nuestra tierra. Siempre ha sido una buena alternativa de cultivo aunque también tuvo sus amenazas por la moda de la soja y el girasol, de manera que también vimos con gran lástima, durante una época, olivos centenarios patas arriba por el capricho del mercado, inducido por políticas mal intencionadas, hasta que la dieta mediterránea consiguió imponerse.

En las zonas donde el olivo no es una salida viable se han arrancado menos viñas.

El olivo entonces, es a la vez una alternativa y una amenaza a la vid por su mayor rentabilidad y más fácil manejo. Y está menos repartido, todo hay que decirlo, lo que concentra las rentas pero facilita su explotación.

Sigamos con más causas, por ejemplo, el difícil relevo generacional, porque si por casualidad eres un pelentrín del marco y a tu hijo/a, estudiante que te echa una mano de vez en cuando, lo pilla un día una inspección de trabajo cogiendo sarmientos, se te cae el pelo ¿es posible eso? no me lo puedo creer ¿cómo resolverlo? algo habrá que hacer al respecto, porque esta tontería desincentiva a cualquiera si te multan por eso.

O, aún más grave, la pobre articulación gremial del sector agrario de la zona y su deficiente organización nada potente, lo que se une a la desgraciadamente deficitaria información de los afectados, los viticultores, a su vez poco amparados por las dependientes organizaciones agrarias que nunca han desplegado una campaña de sensibilización y de difusión sobre estos temas. Así, se han perdido ayudas, se han perdido derechos de reposición y de plantación por falta de información, se han desperdiciado recursos que otros, tanto de dentro como de fuera, sí han aprovechado y acaparado por estar más y mejor informados.

Las administraciones, Consejería de Agricultura y Consejo Regulador tampoco han funcionado correctamente porque han dejado en manos del libre mercado y de sus actores, los mencionados hace un momento, esta responsabilidad, y es ahora ¿ya tarde? cuando algunos, solo algún funcionario eficiente suelto, dan la voz de alerta u organiza alguna que otra reunión con los afectados que tampoco reaccionáis porque o bien estáis desmotivados y desencantados o ya estáis en otra cosa, quizás poniendo más olivos sin encomendación a Dios ni al diablo.

Esto y más ha generado el caos actual del que aún no hemos visto el final.

Pero lo más importante, lo más sangrante son y serán las consecuencias de este proceso ¿imparable? ya que no se trata de una simple necesidad de adaptación a una nueva realidad, sino algo desde mi parecer, mucho más trascendente: pérdidas de patrimonio tanto individual como empresarial, económicas y culturales, nula función social de la viña ya, afectación al medio natural y a nuestro paisaje ¿queremos ser totalmente como Jaén?, desprotección del campo...hasta clara desvinculación emocional con el sector de la viña y el vino, robo de oportunidades a generaciones venideras y hurto de nuestro futuro colectivo.

Ya digo, no es nostalgia.

Pero ¿quién nos roba? ¿nos estamos conformando? ¿se puede parar esto? ¿hay responsables?

Visto y analizado por Cristóbal Luque V.

Continuará...

Próximos domingos Parte II y Parte III

 

 

Cristóbal Luque V.

Cristóbal Luque V.
Enólogo-Ingeniero Técnico Agrícola

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