Artículo de Opinión
CONSECUENCIAS DE LA REDUCCIÓN CONTINUADA DE VIÑEDO EN MONTILLA-MORILES
PARTE II
¿NOS ESTÁN ROBANDO EL FUTURO?
Muchos podrán preguntarse: ¿De qué va esto? ¿qué está pasando? ¿cómo es posible?. ¿Quién o quienes están involucrados en este derrotero? ¿quienes son los culpables? ¿a quién afecta? ¿a mí qué me importa?
Me temo que la respuesta es compleja y dura y no gustará a la mayoría porque todos o casi todos tenemos algo que ver. Aunque lógicamente los que más mandan son más responsables.
Vamos paso a paso.
Decíamos que las consecuencias es lo peor por lo que supone en la realidad de hoy en día ya, en varios frentes.
Es evidente la pérdida de patrimonio vitivinícola, incluso nuestro paisaje de viñedos ya no es lo que era, de forma que si algún día quisiéramos acceder a su reconocimiento europeo, como ya han hecho otros territorios vitícolas de España y de Europa, se haría prácticamente imposible si aspirásemos a ser patrimonio de la UNESCO porque apenas quedan viñas, algunas entre urbanizaciones ilegales, chalets o corralones. Nuestras zonas de Calidad Superior, joyas de la corona de la Denominación de Origen, no tienen una protección específica, ni urbanística, ni ambiental, ni paisajística; lo mismo da poner olivos, que almendros, que hacer parcelas o dejarlas de barbecho o un jaramagal.
No somos conscientes de que esas tierras blancas de albarizas son únicas.
¿Alguien controla y planifica esto? ¿alguien protesta? la especulación campa a sus anchas y predomina la indiferencia y el interés particular.
Aquí lo vemos, todos compartimos esta culpa. Los ciudadanos de a pie, por pasotas, las autoridades como la consejería correspondiente y los ayuntamientos por inacción. Y el Consejo Regulador ¿ciego? que no identifica y no vehiculiza esta amenaza.
Seguimos con la desaparición de gran parte del patrimonio arquitectónico del vino en toda la zona. Desde el Siglo XVIII, después de la filoxera, la recuperación del viñedo en Montilla-Moriles fue espectacular, por cada 18 fanegas de viña se levantaba un lagar que han vestido de blanco y verde nuestros bellos horizontes.
Llegó a haber solo en Moriles unos 80 entre lagares y lagaretas entre el casco urbano y el campo y en Montilla, igual o más.
¿Cuántos quedan ahora en pie, aunque sea con otros usos? ¿se transforma esto también en pérdida de valor y de oportunidades o no?.
No me alegra decir que rayamos la irrelevancia en la tarta nacional e internacional del vino. Ni las grandes bodegas o marcas de renombre aquí significan gran cosa en el contexto general del vino español y menos mundial. Entre todas las bodegas de la Denominación de Origen apenas producimos hoy la mitad de uva y vino que una sola cooperativa mediana de La Mancha por ejemplo y nuestras exportaciones suponen menos del 4% de las ventas.
Nos dirán que lo importante es la calidad, los premios y reconocimientos que sí tenemos y el precio medio.
Pues sí, nuestros vinos menos mal, son genuinos y fantásticos, perlas de la enología mundial, pero en general no se venden.
Cada vez más, vemos como nuestros vinos tradicionales salen de los estantes de las tiendas y los nuevos aún no se ven en ellas, ese lugar lo ocupan otros y el precio medio de una botella de vino nuestro o de un bag in box de los que todavía quedan en algún supermercado es muchas veces para llorar.
En este punto hay tanta enjundia que da para otro artículo otro día, perdóname.
Este mal posicionamiento de nuestros vinos en el mercado determina el poco músculo económico y comercial que tenemos lo que agrava el escaso margen para un marketing idóneo de las bodegas y por ende del propio Consejo Regulador, que en una parte se nutre de ellas.
¿Es que el Consejo Regulador tiene estrategia de marketing para todas las bodegas de la Denominación?.
Es la pescadilla que se muerde la cola, no hay dinero, no avanzamos.
¿La arquitectura actual de la D.O. facilita o permite que algunos acaparen las pocas promociones, ayudas y recursos que hay?
Algunas bodegas recurren a los bajos precios para sobrevivir, otros incluso desearían mejoras y mayor control de prácticas enológicas y comerciales, lo que a fin de cuentas sigue alimentando la espiral del arranque de viñas. Si compras menos vino de aquí y compras fuera más barato, el viticultor no vende su uva adecuadamente y la termina arrancando.
¿Sería posible además mejorar la trazabilidad?
Las culpas siguen repartiéndose. Cada cual que se coloque en su casilla.
¿Y los viticultores y cooperativistas? Pues casi siempre más preocupados por la cantidad que por la calidad... kilos, kilos, kilos, porque las fórmulas de pago lo favorecen e incentivan. Hace tiempo que debería haberse primado la calidad ante todo y la innovación.
Aunque hay que reconocer que se ha avanzado mucho en este terreno aún no estamos en el camino de la excelencia como otros sí lo están. Hay otras zonas vitícolas donde por ejemplo, no se permite producir más de 2 kilos por cepa para favorecer la calidad. Claro está, se pagan mucho mejor. Impensable aquí.
¿Es también un trabajo del Consejo Regulador concienciar de esto y poner las bases para mejorar?
Aquí se ha hecho lo contrario, el Consejo acordó hace poco aumentar la producción por hectárea ¿quizás por seguidismo? de los impulsores de esta medida ¿con qué finalidad? si no vendemos lo que producimos.
¡Menudo tiro en el propio pie para el conjunto! Para todos no.
¿El Consejo Regulador debería velar por la igualdad? ¿Es viable una Denominación que no lo haga? ¿Podemos creer en ella?
¡Donde unos pocos pueden arrastrar siempre a la mayoría! No hay más que ver el valor de los votos.
¿Es el tanto tienes tanto vales? ¿Es presentable y sostenible esta fórmula?
¿Y las bodegas y los bodegueros?. En lo económico, siempre más dedicados a vender lo más posible, cosa loable y difícil, pero pagando lo menos que se pueda por la uva. En lo organizativo o corporativo, una minoría formando parte del núcleo duro de la Denominación de Origen, su Consejo Regulador y su Comité Permanente, los que parten el bacalao pero la mayoría participando más bien poco, peleando poco, luchando poco, porque no se cambia nada, no se consigue nada con la queja o la reivindicación ¿para qué me voy a significar si los grandes van a hacer lo que quieran, si esto es siempre lo mismo?.
No merece la pena ponerse de acuerdo con nadie e intentarlo. Tengo bastante con lo mío y con buscarme la vida, mejor yo solito.
Lo demás que me lo den hecho que para eso está el Consejo ¡para eso pago!
Así piensan muchos, no todos.
¿Entonces es que tenemos un Consejo Regulador deficiente, que no funciona?
¿Y los consumidores? ¿qué pintamos en todo esto?
Los consumidores “que siempre tenemos la razón” no nos vemos aludidos, permanecemos los más, sin saber nada, ajenos a la realidad y sin tomar parte o sin preocuparnos por este asunto. En todo caso, no es mi problema, si algo pasa, allá se apañen. ¿Para qué voy a preocuparme de donde viene el vino? ¿de si los viticultores están bien pagados? ¿de si el precio de lo que bebo es justo y tiene calidad?. Yo no entiendo, yo solo quiero el vino barato y bueno. Lo demás es cosa de otros. Aunque viva en la zona, no tengo nada que ver porque no tengo viñas ni bodega.
Hay quien piensa así. ¡Y así nos va!
¿Y qué pasa con la cultura de vinos que teníamos?
Pues que la gente cada vez tiene menos vínculo con el sector y la desafección aumenta. La relación emocional con nuestros vinos y su cultura está desapareciendo.
Incluso las nuevas tecnologías evitan que las calles de Montilla-Moriles huelan a mosto fermentando porque ya no se escapan los aromas de los depósitos. Esto hay que asumirlo porque es bueno para la calidad pero nos evita el grato recuerdo que muchos tenemos.
Pero como apenas quedan viñas y hay máquinas, cosechadoras, etc., disminuye el contacto y la relación directa con el campo, además los vinos tradicionales no tienen el aprecio de las nuevas generaciones conquistadas por la cerveza, los cubatas u otros vinos.
Así, el desapego se va agrandando, pero siendo así de duro ahora, el camino puede ser de ida y vuelta. Lo veremos en la parte III.
Sigue sin tratarse de nostalgia porque creo que hay que producir lo que tiene venta y no al revés. En eso están algunas bodegas que invierten e innovan pero sin coordinación, apoyo o liderazgo ¿del Consejo?.
En cualquier situación las personas son lo más importante, en nuestro caso, ante esta merma en las posibilidades de desarrollo del territorio cabe preguntarse además; ¿cuántos proyectos de futuro ya no podrán realizarse? ¿cuántos jóvenes no tendrán la opción de estudiar y trabajar en este mundillo?. Sencillamente porque de su entorno ha desaparecido el escenario de las viñas y el vino.
De toreros salen hijos toreros, de maestros salen hijos maestros, de músicos hijos músicos... de bodegueros ¿saldrán muchos hijos bodegueros en Montilla-Moriles? ¿de viticultores saldrán muchos viticultores?
Los mismos culpables, que como se ve somos todos, ¡Ojo! ¡Unos mucho más que otros! Somos los que tendremos que aportar las soluciones.
Continuará…
Próximo domingo Parte III
Cristóbal Luque V.
Enólogo-Ingeniero Técnico Agrícola